Clotilde
El smog había convertido a la ciudad en una escena sacada de alguna película nocturna de bajo presupuesto. Las pintadas en la calle y la voz que salía disparada de la radio acompañaban la mañana de Clotilde, una jubilada caída en desgracia que se había mudado a Barracas a principios de los 80. Corría el año 1983. Clotilde le había picado el boleto a Dios. Jugadísima. El teléfono sonó. La voz del otro lado decía que le habían recomendado llamar a ese número, en búsqueda de una niñera para un caprichoso y malcriado muñeco de madera que vivía en Recoleta. A la falta de trabajo, a su viudez y a un alma resentida, se le sumaba el hecho de que nunca había podido ser madre. El círculo se cerraba perfectamente. Para colmo, quien la contactaba era la tía del muñeco malcriado, una lumpen de Saavedra que, en sus momentos libres, se mataba a pajas usando un destornillador. El pedido era claro: la idea era que Clotilde torturara sutilmente al simpático ser de madera con una bufanda a cuadros q...





